Durante las últimas décadas, la cooperación internacional ha desempeñado un papel fundamental en la promoción del desarrollo social, la reducción de desigualdades, el fortalecimiento institucional y la atención de poblaciones vulnerables en todo el mundo. América Latina y Colombia han sido beneficiarias de importantes programas orientados a la construcción de paz, el desarrollo territorial, la educación, la salud y la inclusión social. Sin embargo, el panorama actual plantea importantes desafíos que obligan a repensar las estrategias tradicionales de financiamiento y colaboración para el desarrollo.
La pandemia de COVID-19 marcó un punto de inflexión para la cooperación internacional. Los gobiernos enfrentan enormes presiones fiscales derivadas de la emergencia sanitaria, el aumento del endeudamiento público y la necesidad de priorizar recursos para atender demandas internas. Como consecuencia, numerosos países comenzaron a revisar sus presupuestos de ayuda internacional y a redefinir sus prioridades de cooperación.
A este contexto se suman fenómenos globales como los conflictos armados, las crisis migratorias, los efectos del cambio climático y las tensiones geopolíticas, que han transformado las agendas de desarrollo y la asignación de recursos internacionales. El resultado ha sido una creciente competencia por fondos de cooperación y una reducción progresiva de los recursos disponibles para programas sociales en diferentes regiones del mundo.
Uno de los hechos más representativos de esta transformación ha sido la reestructuración de la política de cooperación de los Estados Unidos. Durante décadas, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) fue considerada uno de los principales instrumentos de cooperación internacional a nivel global. Sus programas financiaron iniciativas de desarrollo económico, fortalecimiento institucional, asistencia humanitaria, salud pública, construcción de paz y desarrollo comunitario en numerosos países. La reducción de programas y la reorganización institucional han generado incertidumbre sobre la sostenibilidad de múltiples proyectos sociales, especialmente en países que históricamente han sido receptores de cooperación internacional.
No obstante, diversos expertos coinciden en que
la cooperación internacional no está desapareciendo, sino que está experimentando una profunda transformación.
Según Sternfels (2026), la cooperación global está evolucionando hacia esquemas más flexibles y colaborativos, en los que participan no solo gobiernos y organismos multilaterales, sino también empresas, organizaciones sociales, centros de investigación y actores territoriales. Este nuevo escenario responde a la necesidad de construir alianzas más ágiles y adaptadas a los desafíos contemporáneos.
La denominada “nueva cooperación global” reconoce que los problemas actuales son demasiado complejos para ser abordados por un único actor.
El desarrollo sostenible requiere la participación conjunta de múltiples sectores capaces de aportar recursos, conocimiento, innovación y capacidad de gestión. Bajo esta lógica, las alianzas estratégicas adquieren un papel central para la generación de soluciones sostenibles y de largo plazo (Sternfels, 2026).
Esta visión también ha sido destacada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Durante el Foro de los Países de América Latina y el Caribe sobre el Desarrollo Sostenible 2026, expertos y representantes de organismos internacionales coincidieron en que la región enfrenta importantes retos para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Entre los principales desafíos identificados se encuentran la reducción de los recursos de cooperación, las restricciones fiscales de los gobiernos y la necesidad de fortalecer mecanismos innovadores de financiamiento para el desarrollo (CEPAL, 2026).
Las discusiones adelantadas en el marco de la CEPAL resaltan que el futuro del desarrollo sostenible dependerá cada vez más de la capacidad para movilizar recursos desde diferentes sectores de la sociedad. Esto implica fortalecer la participación del sector privado, promover alianzas multisectoriales y generar esquemas de cooperación que integren capacidades públicas, privadas y comunitarias (CEPAL, 2026).
Es precisamente en este contexto donde la Responsabilidad Social Empresarial adquiere una importancia estratégica. Durante años, la RSE fue entendida principalmente como un conjunto de acciones voluntarias orientadas a contribuir al bienestar social. Hoy, sin embargo, se reconoce como una herramienta de desarrollo capaz de complementar los esfuerzos de la cooperación internacional y generar impactos sostenibles en los territorios.
Las empresas cuentan con recursos financieros, capacidades técnicas, conocimiento especializado y redes de relacionamiento que pueden convertirse en motores de transformación social. Cuando estas capacidades se articulan con organizaciones sociales y comunidades, es posible construir modelos de intervención más sólidos, eficientes y sostenibles.
La Responsabilidad Social Empresarial deja entonces de ser un ejercicio de filantropía para convertirse en una estrategia de generación de valor compartido.
Para organizaciones sociales como la Fundación Fernando Murillo, este escenario representa una oportunidad para fortalecer nuevas formas de cooperación y desarrollo social. Desde su consolidación institucional en 2024, la Fundación ha promovido iniciativas orientadas al bienestar comunitario, la acción humanitaria y el fortalecimiento de capacidades locales, entendiendo que la transformación social requiere la participación activa de múltiples actores.
En este sentido, las alianzas que actualmente se vienen construyendo con Partners reflejan las tendencias que hoy marcan el futuro de la cooperación internacional. Más allá de la financiación de proyectos específicos, estas relaciones permiten compartir conocimientos, fortalecer capacidades institucionales, intercambiar experiencias y desarrollar estrategias conjuntas para ampliar el impacto social de las intervenciones.
La construcción de alianzas estratégicas constituye una respuesta concreta frente a los desafíos que enfrenta el sistema internacional de cooperación.
En un contexto donde los recursos son cada vez más limitados, la capacidad para articular esfuerzos entre organizaciones sociales, empresas, entidades públicas y actores internacionales se convierte en un factor determinante para garantizar la continuidad de los procesos de desarrollo.
La transformación de la cooperación internacional no debe interpretarse como el fin de las oportunidades para el desarrollo, sino como el inicio de una nueva etapa en la que la Responsabilidad Social Empresarial, la cooperación multisectorial y las alianzas estratégicas desempeñarán un papel cada vez más relevante en la construcción de sociedades más sostenibles, resilientes e inclusivas.
Referencias.
Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). (2026). La cooperación internacional en transformación: desafíos y orientaciones para el desarrollo sostenible en América Latina y el Caribe. Foro de los Países de América Latina y el Caribe sobre el Desarrollo Sostenible 2026. https://foroalc2030.cepal.org/2026/es/programa/la-cooperacion-internacional-transformacion-desafios-orientaciones-desarrollo-sostenible
Sternfels, B. (2026, 14 de enero). La nueva forma de la cooperación global. Foro Económico Mundial. https://es.weforum.org/stories/2026/01/la-nueva-forma-de-la-cooperacion-global/