Desde la Revolución Francesa, el papel de
la visión conservadora en la democracia es garantizar la libertad a través de las reglas de juego, tener un orden que sea el faro del comportamiento de los miembros de una sociedad.
Esa idea de orden viene a complementar la visión liberal sobre la desconfianza al poder, la desconfianza del Estado, es decir, las constituciones son el marco legal, por el cual se limita el poder y a su vez se garantiza el orden, dicho, en otras palabras, lo que se busca es garantizar estabilidad en la conformación social de una nación.
En este sentido, la visión conservadora, lo que busca es garantizar que las reglas de juego se modifiquen lo menos posible, con el fin de lograr que las personas puedan comportarse en un entorno que les permita predecir el comportamiento de los demás asociados en una democracia, y es por ello que
la constitución se concibe para que una ley estable evite la confrontación, el desgaste político y las guerras civiles.
Esta visión se contrapone al pensamiento revolucionario que parte de la base que los cambios, sólo se pueden dar destruyendo la arquitectura constitucional y social de una nación. Incluso ese cambio, si es necesario, se consigue por las armas, es parte del sustento de su accionar político.
Actualmente, la confrontación política a nivel mundial consiste en garantizar que los estados nación mantengan un orden basado en sus tradiciones sociales y culturales y en su tradición constitucional contra la visión que sostiene que es el Estado el que debe ser cambiado y asimilado para imponer nuevas visiones que cambian los conceptos del hombre, de la ciudadanía, de la vida. Esta concepción parte de un imaginario, en el cual la de-construcción del “hombre viejo” debe dar paso a un “hombre nuevo”, que no sólo sea comunista o revolucionario, sino también sexualmente superado, intelectualmente igualitario y con una visión sentimental de la vida y de la historia que debe ser regulada, a esto se le llama progresismo.
El supuesto del hombre diluido le abre paso a nociones cambiantes del ser y que se ajustan a una visión subjetiva, individualista y hedonista, que debe ser tutelada a toda costa por el Estado y sus leyes. Así, las nuevas constituciones deben ajustar su doctrina a la casuística, a visiones cada vez más particulares y con una alta carga valorativa y psicológica que ya no depende únicamente del colectivo, sino del sentimiento del momento ante una situación y/o hecho dado.
Es esta dialéctica en la cual las sociedades occidentales y particularmente la sociedad colombiana se están desarrollando y por ende reformulando el papel del hombre de la sociedad y del Estado.
Es por ello que los sectores progresistas han tenido desde hace unos 20 años la idea de reformar y luego de cambiar la Constitución de 1991, cuya argumento central es un cambio de visión de la sociedad, basado en las nociones más subjetivas del hombre, pero bajo una mayor intervención del Estado. En este sentido, el Estado empieza a regular lo más íntimo de nuestro ser, de nuestras relaciones con la naturaleza, y la concepción de la vida. Pero al no lograr el cambio deseado y en un menor tiempo, para superar los impedimentos hay que refundar otro Estado, otra sociedad y otra visión del hombre y de la política.
Desde una visión conservadora, y manteniendo los parámetros de la democracia liberal, una constituyente que se sostenga en lo conservador implica no solo oponerse a la visión progresista, sino defender la visión del hombre occidental y por ende cristiano.
En segundo lugar, un nuevo marco constitucional, no necesariamente, desde lo conservador implicaría un giro de 180°, por el contrario, buscaría rescatar gran parte de la arquitectura constitucional y normativa, que ha venido funcionando en el devenir de Colombia, para que siguiera formando parte de un nuevo desarrollo, lo cual implicaría actualizaciones, ajustes y reformas, pero no necesariamente cambios sustanciales a la forma de ver y concebir la sociedad colombiana. Buena parte de ello es lo que sucedió en la estructura constitucional que fue trasvasada de la Constitución de 1886 al nuevo marco normativo de 1991.
Un segundo aspecto, bajo la lógica de una visión conservadora para una constituyente, tendría que ver con la forma de recuperar el sentido del orden y de autoridad que le permita a la sociedad la convivencia pacífica, el respeto de la vida y la seguridad para todos. Un sistema de justicia eficiente, que castigue el delito y facilite la resolución de los conflictos entre los miembros de la sociedad colombiana.
En tercer lugar se buscaría como punto primario y cardinal garantizar el derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural, la familia nuclear conformada por un hombre y una mujer como fundamento estructurante de la sociedad y garantizar la propiedad privada como eje primordial para el desarrollo de los derechos económicos y colectivos de la sociedad.
En cuarto lugar, se buscaría con un marco constitucional, tener una mayor claridad en la estructuración del orden económico, basado en la libre empresa, la propiedad privada y la igualdad de oportunidades y un orden social, tomando como referente la persona, la familia, las organizaciones intermedias, además, la protección del débil, la búsqueda del apoyo al que entra en calamidad y garantizar servicios sociales que faciliten que todas las personas logren un nivel de vida digno, y gozar del fruto de su trabajo.
En cuanto al trabajo, se mantendría la tradición de Colombia de garantizar que el Estado genere la normatividad necesaria para que la relación patrón-empleado mantenga los equilibrios que permitan negociaciones equilibradas aptas para las partes. En este sentido se parte de la base que es la relación patrono-trabajador debe equilibrarse, ya que en muchas ocasiones el trabajador se encuentra en condiciones de debilidad frente a las capacidades de los empresarios, así los derechos laborales deben ser fundamentales para garantizar que la gente pueda enriquecerse a partir de su trabajo. Este acápite es fundamental para el desarrollo del orden económico en libertad.
Otro aspecto a tener en cuenta bajo una lógica de ajuste constitucional, es garantizar un orden ambiental para el país, no solo como un mecanismo de protección del medio ambiente, sino como una forma de regular la acción humana y su impacto en los activos ambientales de la nación. Este ordenamiento lo que buscará no es restringir la libre empresa, sino lograr que la libre empresa en verdad respete, cuide y mitigue las afectaciones al medio ambiente como una forma de garantizar el usufructo de los bienes naturales por parte de todos los colombianos.
Un ordenamiento en este sentido permitirá aplicar mecanismos de justicia, generar mecanismos de explotación adecuados fin a protección de la naturaleza, pero a su vez la búsqueda de la innovación en ciencia y tecnología para hacer un uso más sabio de los recursos naturales. Esta parte cada vez toma un sentido geopolítico.
Finalmente, una constituyente de origen conservador buscaría lograr que nuestra sociedad compita en el contexto internacional en el ámbito económico, tenga una voz válida en el contexto político y a su vez sea participe de los desarrollos tecnológicos, sociales y económicos de los que disfruta el mundo, es decir, no se buscaría cerrar el país, por el contrario, seguir interactuando con las demás naciones a través del libre comercio pero con sentido estratégico, la cooperación y la solidaridad.
Como conclusión,
es necesario entender que las visiones de sociedad y Estado han tenido dos caminos, la imposición o el consenso.
Así, la Constitución debería partir del consenso entre las otras visiones de la sociedad que disienten con la visión conservadora, se podrían entablar diálogos y consensos que lograrán la tan anhelada convivencia pacífica. El escollo del asunto está en que la visión progresista como se ha venido desarrollando en los últimos 30 años, está escogiendo la imposición, la censura y en muchos aspectos no ha renunciado a la lucha armada con el fin de concretar e imponer sus ideas a pesar de los diálogos de paz.
Por lo tanto, los colombianos debemos garantizar la continuidad de la Constitución de 1991, la cual recoge buena parte de la visión conservadora, y es fruto de un consenso que puede seguir siendo desarrollado en los años venideros y con la cual se puede lograr la paz a partir de lograr más y mejores consensos.
Los momentos actuales en el fondo no requieren un cambio de la Constitución, sino un cambio en la política.
La cual ha llevado a aquel Estado se haya vuelto un botín económico para los grupos que pueden acceder al poder, esto está destruyendo los consensos, la confianza en el futuro, la confianza en las autoridades, y llevando a la gente a pensar que la ilegalidad termina siendo mejor que una orden social y económica justa.
Como conservador no se debe abrir la puerta a una constituyente, no solo por no ser necesaria, sino porque abre la puerta a ideas radicales que tienen brazo armado con alto control territorial y bien financiados por las actividades del narcotráfico.
Este es el resultado de acuerdos de paz que han fracasado, y que obedecen a la doctrina de “todas las formas de lucha”. Lo importante es seguir ponderando la vida, la dignidad de la persona en un entorno de libertad y un régimen de competencia y propiedad privada.