El gobierno de Abelardo de la Espriella acertó en la lectura que hizo el Movimiento de Salvación Nacional sobre el país hace treinta y cinco años. El Acuerdo sobre lo Fundamental que propuso Álvaro Gómez Hurtado (ley, moral pública, justicia eficaz, empleo, ecología) y el programa con que Salvación Nacional llegó al Congreso en 1991 (moralidad, rechazo a nuevos impuestos, economía eficiente y productiva, dignidad de la justicia)
más que una lista de chequeo, son un método para gobernar.
Con ese derrotero podemos medir lo que este gobierno ha hecho bien en sus primeros cincuenta días y los retos que se avecinan.
Moral pública. El Libro de la Verdad es el ejercicio de moral pública más ambicioso de una transición en Colombia: veintidós sectores reconstruidos desde fuentes abiertas y con voluntarios. De los cientos de billones en escrutinio, apenas una fracción tiene forma de hallazgo fiscal, y ningún responsable está individualizado. El Libro se debe convertir en expedientes con nombre, cuantía y estado procesal público y el estándar que hoy se aplica al gobierno anterior será el que se aplique a este en 2030.
Sin nuevos impuestos. Rechazar la quinta tributaria del gobierno Petro, anunciar austeridad por varios años y proponer un sistema con menos impuestos es fiel a esa línea. Pero la doctrina tiene reverso, si no sube el recaudo, el ajuste sale del gasto, y con un déficit de 7 a 9% del PIB, el grado de inversión ya perdido y un terremoto que costará cerca de un punto del PIB, ese ajuste será de años. Toda política pública la paga el ciudadano como contribuyente, no solo como votante. Por eso es fundamental formalizar a los trabajadores para ampliar la base antes que elevar la tarifa.
Esa es la reforma que se necesita, más contribuyentes, no contribuyentes más castigados.
El Estado grande y lejano. El Estado debe estar en todas partes, lo que no implica que deba asumir todas las funciones de una sociedad, la descentralización por servicios es una grosera fábrica de burocracia. Revisar la pertinencia de unas 126 entidades nacionales va en la dirección correcta. Para que haya una mejor descentralización se deben reorganizar la competencias. Lo municipal al municipio, lo intermunicipal al departamento y el resto a la Nación.
Justicia eficaz, también para el propio gobierno. Frenar contratos de última hora antes de su adjudicación fue un acierto. Hay que tener cuidado con esas suspensiones para que no queden como otra forma de parálisis, ya que si quedan sin sustento, se convertirán en una demanda que pagará el contribuyente. Salvación Nacional rechazó en 1991 la expropiación por vía administrativa; el mismo principio exige que cada suspensión termine en una decisión motivada (continuar, renegociar o anular) y no en un limbo.
Un Estado que funcione más allá de un periodo. Salvación Nacional entendía el Estado como la organización jurídica de la sociedad, cuyo propósito es crear un poder político capaz de hacer leyes generales y no particulares, controlar el poder y ejercerlo con eficiencia, dentro de la Constitución y la ley. Con ese criterio, nombrar por mérito a través de un banco de talentos es una buena señal, y el trámite de la tributaria y del presupuesto de 2027 será la ocasión de confirmarla: acuerdos sobre reglas generales, no sobre prebendas. El Plan Nacional de Desarrollo, que debe radicarse antes de febrero, es la otra prueba.
Un buen gobierno se mide por sus resultados; un proyecto de Estado, por lo que deja funcionando después.