El espectáculo de las elecciones de 2026 en Colombia ha estado marcado por hitos dolorosos y penosos; hoy, nuestra democracia está en riesgo debido a diversos hechos que están derrumbando lo construido con tanto esfuerzo.
Esta campaña ha sido un circo electoral lleno de payasadas y grandes sinsabores que nos deben dejar aprendizajes para hacer correcciones de cara al futuro.
A punto de cerrar este proceso electoral, quedan muchos sinsabores para la democracia colombiana, las instituciones, los políticos, los partidos, la comunidad internacional y la ciudadanía. En muchos años, o quizás nunca, habíamos visto en Colombia un proceso electoral que tuviera tantos detalles para analizar como este que está por culminar. Esta columna de opinión es una crítica a lo que hemos tenido que ver y escuchar como ciudadanos; es una crítica a un proceso electoral que da pena. Vale la pena destacar que Colombia es una de las democracias más antiguas de la región y con la tradición electoral más larga; sin embargo, al ver una elección de este calibre,
me da pánico que estemos ad portas de una erosión democrática en nuestro país, un suceso que ya ha tomado fuerza alrededor del mundo.
En primer lugar, quiero destacar el hito más trágico de esta elección: el magnicidio del precandidato presidencial de centro-derecha, Miguel Uribe Turbay, tras un atentado el 7 de junio del 2025 perpetrado por un menor de edad con un arma de fuego. Dicho atentado desencadenó diversos actos de solidaridad, nuevos protagonismos en el tablero político y polémicas declaraciones por parte de víctimas, criminales y el gobierno, dejando una profunda herida en los colombianos.
Por otra parte, nos encontramos con las declaraciones del gobierno nacional, cuyas intervenciones públicas en política no se habían dado en el pasado de una manera tan directa. Además, el Ejecutivo ha protagonizado grandes escándalos en esta campaña, como las denuncias de Angie Rodríguez, las cuales dejan una mala perspectiva en la ciudadanía sobre el manejo del Estado. Sumado a esto, la campaña ha estado marcada por los intentos de deslegitimar ciertas candidaturas e incluso por sembrar dudas en la sociedad sobre la transparencia de un proceso electoral que, irónicamente, fue el mismo que llevó al actual gobierno a la victoria. Este gobierno no solo inició antes de tiempo la campaña presidencial, sino que ha utilizado diversas decisiones estatales como instrumentos electorales, tales como el alza del salario mínimo o su recolección de firmas para una constituyente.
En esta contienda ha sido repugnante ver no solo cómo se han deslegitimado las instituciones y el proceso electoral, sino también la falta de respeto hacia la ciudadanía ante la desinformación digital promovida por varias campañas. Asimismo, hemos observado movimientos oscuros en la realización de encuestas utilizadas para alterar la opinión pública, un panorama que también ha estado marcado por la violencia verbal y en videos entre candidatos, lo cual genera conflicto entre los ciudadanos.
Ha sido una campaña caracterizada por una sobresaturación de candidatos, muchos de los cuales no pasaban del 5% en la intención de voto. En estos casos, los recursos del Estado se utilizaron para hacerle publicidad a figuras en los tarjetones y en el desgaste de la Registraduría al contar firmas de candidaturas que terminarían renunciando posteriormente. Ha sido un proceso electoral en el que la mayoría de los ciudadanos ni siquiera conoce por completo la terna de candidatos y, por el contrario, se topaba constantemente con publicidad de perfectos desconocidos.
Si bien todos tenemos derecho a aspirar a la presidencia, debemos respetar los recursos del Estado y a la misma ciudadanía, debido a que cada proceso se financia con los impuestos de la gente a la cual pretenden “respetar” al asumir una candidatura. Esta campaña ha estado llena de payasadas, instrumentalización de menores de edad, declaraciones vulgares, falta de debates, propuestas sin mayor fondo, afirmaciones sin fundamento, grandes cantidades de ciudadanos indecisos y una democracia en riesgo de erosión.
¡Por amor a Colombia, no destruyan nuestra democracia!